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Teatro, hablemos del actor…

Siempre me ha gustado el teatro aunque, no más que el cine o las series de televisión, soy de la opinión de que todo tiene su valor y su momento.

Dicho esto, entiendo a la perfección porqué casi todos los actores, a pesar de ganar más dinero en cualquier otro medio, valoran el teatro sobre el cine u otros medios audiovisuales. Para ellos es ponerse a prueba, es un reto continuo e instantáneo.

El teatro es el trabajo que realiza un actor o actriz (en adelante Actor) sin manipulación o prácticamente sin ella. Puede que vaya maquillado y vestido de astronauta o de doncella pero, en directo y sobre un escenario, es él mismo. Se pone delante de unas decenas o centenas de personas y ayudado de un texto, algo de música, unos pocos compañeros de reparto, un vestuario y unos cuantos objetos en el escenario, trasmite estados de ánimo y sentimientos. Y, una escena tras otra, desarrolla auténticas y completas historias.

Además, en ocasiones, ni siquiera cuentan con esas ayudas. En algunas obras, para trasmitir algo o potenciar otras cosas, no hay música, en otras falta el vestuario pues todos van con mallas color carne y ¿qué hay de los monólogos? ¡La obra entera depende de un texto y un Actor!

Como en cualquier sector hay actores mejores y peores, pero los buenos profesionales tienen todo mi respeto.  Mucha gente piensa que por ser guapas o hijos de alguien conocido lo tienen todo hecho pero, tal y como están las cosas,no puedo creer que eso les sirva más allá de acceder a un casting o, como mucho, obtener una primera oportunidad.

Ser Actor no es estar de fiestas y risas permanentemente, ser Actor es un trabajo y, como en todos los trabajos, hay que ocuparse de ser interesante y competente.

Un buen Actor se ocupará de estar en forma. Algunas puestas en escena requieren verdadero esfuerzo físico.

Un buen Actor debe saber cantar y bailar, ya que algunas obras lo requieren y, aunque no se requiera nivel Nureyev o Pavarotti, si no tuvieran nociones no podrían optar al papel.

Un buen Actor debe ser versátil y tener varios registros pues si no fuera así, se reducirían considerablemente sus oportunidades de trabajo.

Un buen Actor debe saber adaptar cuerpo y mente para meterse en un papel de jovencito inexperto, de mujer experimentada o de sabio anciano.

Un buen Actor debe ser consciente de su valía y tener el ego equilibrado para no ceder a la tristeza y la depresión cuando las críticas no son buenas y saber disfrutar del éxito, siendo consciente de que hay pocas cosas más efímeras y que durará solo un momento, solo hasta el próximo fracaso.

Artículo de nuestra colaboradora Mayte Matías.

Boadella: bufón en “quatrième position”

Tengo que confesar que, hasta la semana pasada, nunca había visto una obra de Albert Boadella. Sí algún retazo televisivo, pero nunca una obra completa y en directo. Por algún motivo esperaba una serie de sketches enlatados, cortos y divertidos, pero me encontré con bastante más.

En esta obra Albert y Boadella intentan desnudarse. Son conscientes de que, como yo, hay mucha gente que ignora su vida y su obra. Les apetece además hacerlo porque, como todo buen bufón, son bastante inteligentes, pero mucho más vanidosos y exhibicionistas.

Durante la obra se suceden noticias, anécdotas y hasta sermones desde el púlpito. Comenta sin rubor lo que piensa de la sociedad moderna, de la política y los políticos, de la iglesia, de los militares, de los nacionalistas… y hasta se atreve con su propios compañeros del gremio.

Sr. Boadella, quiero que sepa que somos muchos los que pensamos como usted sobre tanto buenismo y corrección. No dudo que haya aprendido mucho con los años, pero está claro que no ha perdido esa parte adolescente, temeraria, peleona y arrogante que nos reta a pensar e incluso a posicionarnos a lo largo de la obra.

Entiende el teatro de una forma clara y personal, en la que el actor lo es todo o casi todo porque, como él dice, la música le sienta muy bien. Se llama a sí mismo, con orgullo y con la seguridad de quien se conoce, bufón, comediante y titiritero.

Debido a su edad, y también al formato de la obra que no deja de ser “unas memorias”, fui al Teatro Marquina pensando que probablemente estaba yendo a ver la última obra de Boadella. Y puede que lo sea, no tengo una bola de cristal. Pero sobre el escenario encontré un actor capaz de desdoblarse hasta llenarlo, con la memoria intacta, la palabra clara y os diré más: en tres o cuatro ocasiones, mientras contaba una cosa u otra, lo pillé con los pies colocados en “quatrième position”, preparado para cualquier salto o pirueta en esta obra… o en la otra.

Artículo de nuestra colaboradora Mayte Matías.

El bufón Albert Boadella con su sermón, llena el teatro

Era lógico. Era lo esperado: Albert Boadella en “estado puro” abarrotó los Teatros del Canal y ahora llenará el Teatro Marquina, donde las entradas empiezan a escasear ante las próximas funciones.

El sermón del bufón se estrenó el pasado 8 de marzo en los Teatros del Canal. Se trata de un espectáculo en el que el dramaturgo catalán reflexiona sobre distintas artes y realidades de la sociedad, entre las que se incluye la situación actual de Cataluña, donde “hay un conjunto importante de ciudadanos que están enfermos mentales“.

Lo cierto es que con su actitud y sermón, Boadella ha conseguido granjearse la enemistad de muchos poderosos e instituciones a lo largo de más de 50 años. Para qué engañarnos: se ha “metido”, entre otros, con Jordi Pujol, con Franco, con Dalí,  con Esquerra Republicana, con Juan Carlos I, con los antitaurinos, con su propio gremio o con varios obispos.

Pero eso es lo que lo hace tan auténtico. Siempre ha estado al lado de la libertad, manifestándose contra dogmatismos y criticando al poder y el pensamiento único. Con la dictadura fue un icono cultural de la izquierda antifranquista y catalanista. Después ha sido, y es, un beligerante oponente a la “deriva catalanista“. Así que, a pesar de sus poderosos enemigos, que tristemente le hicieron anunciar que no volvería a trabajar más en Cataluña ante el boicot que sufrían sus obras en su propia tierra, también tiene un numerosísimo grupo de seguidores y simpatizantes. Muchos en Madrid, sobre todo durante los años en los que ha sido el director artístico de los Teatros del Canal.

Pero no queremos repasar aquí su larga y exitosa carrera como escritor, actor o dramaturgo. Ni revisar su agitada trayectoria ideológica. Solo queremos recordar que unas pocas funciones de “El sermón del bufón” se representarán en el Teatro Marquina, desde el 19 de abril al 21 de mayo.

No se dejen engatusar por melodramas de marginados, detrás siempre hay millonarios… y además, algunos defraudan a Hacienda” o “No se fíen cuando un director dice que ha creado una obra de riesgo, el riesgo lo corren Uds. asistiendo a ella“. afirma en su sermón. Y así 90 minutos de monólogo, de recuerdos, de algunos de sus mejores momentos. De los que tiene muchos, claro. Mordaz, valiente, duro, . Ni un momento de tregua. El espectador se podrá identificar con muchas de las aseveraciones… o no. Y es que las opiniones y apreciaciones de Boadella no han dejado indiferente a nadie: ni ahora, ni hace cincuenta años.

 

Natalia Millán: actriz, bailarina y cantante

Cantar, bailar y actuar, en cine, televisión, teatro… sin duda hemos tenido, y tendremos, muchas y diversas oportunidades de disfrutar con esta versátil artista.

Natalia empezó a estudiar con 16 años en la Escuela Superior de Artes y Espectáculos (Escuela TAI), recibiendo lecciones de canto, jazz, actuación y baile clásico. Después de especializarse en el mundo de la actuación, trabajó un periodo de tiempo como cantante profesional. Con 18 ingresa en la Escuela de Ballet Nacional Español, donde estudia con Aurora Pons, Juana Taft y Victoria Eugenia, y siguió perfeccionando su formación clásica y contemporánea en los años siguientes con maestros de la talla de Carmen Roche (fue alumna de esta escuela); expresión corporal con Arnold Taraborrelli y Agustín Belús; actuación con Jorge Eines, Antonio Llopis y Luis Olmos; y por fin canto en la Escuela de Música creativa y en la Escuela Popular de Música.

Afianzó su trayectoria en los escenarios españoles con su presencia en la Compañía Teatro de la Danza: La pasión de Drácula, Al fin…Solos, Hazme de la noche un cuento, de Jorge Márquez, Mata-Hari o La Reina del Nilo. Y en la Compañía Nacional de Teatro Clásico, donde interpretó papeles principales en los espectáculos: La gran sultana y Fuenteovejuna.

Después del gran éxito obtenido gracias a “El Súper“, fue contratada para la serie “Policías, en el corazón de la calle” (2000-2001)  de Antena 3, en la que interpretaba a la inspectora Lola Ruiz, y “Un paso adelante” (2002-2003) en la que dio vida a la profesora de baile clásico Adela Ramos.

En 2003 le ofrecen, por primera vez, un papel como protagonista en la película Nubes de Verano, que se estrenó en las pantallas españolas en abril de 2004. Ese mismo 2003 deja el papel de “Un Paso Adelante” para volver al teatro interpretando a Sally Bowles en el musical “Cabaret“, y dos años más tarde participa en la película de Mateo Gil, “Regreso a Moira“, que formaba parte de la serie Películas para no dormir.

En televisión la hemos visto últimamente en “Velvet”, serie en la que Natalia estuvo presente en dos temporadas como la malísima Doña Gloria; y recientemente la actriz confirmó su presencia también en la tercera temporada de “el Ministerio del Tiempo”, interpretando a Lola Mendieta. También nos deslumbró imitando a Rita Hayworth, en “Tu cara me suena“.

En cuanto a teatro, los últimos años ha tenido un papel principal en varias obras de éxito, como son “El mercader de Venecia” (2008), “Chicago” (2009), “Cinco horas con Mario” (2010 al 2014), “La viuda alegre” (2015), o “Windemere Club” (2015).

Ahora la puedes ver en “La Mentira“, que inicia su gira nacional tras varios meses en Madrid. Y puedes saber más de ella en su web oficial NataliaMillan.net.

Luis Merlo, la nobleza del teatro

La esencia del teatro español sigue viva gracias a actores como Luis Merlo, nacido Luis María Larrañaga Merlo, actores que tienen el talento para subirse a las tablas y demostrar en cualquier momento la calidad interpretativa y su capacidad camaleónica transformándose en diversos personajes.

Desde pequeño tuvo que acostumbrarse a viajar con sus padres, los grandes actores Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo, durante sus giras teatrales, viéndolos continuamente en escena, entre bastidores, en compañía de sus tres hermanos, Amparo Larrañaga, Kako y Pedro; este último está casado con la también actriz Maribel Verdú. De esta manera desde niño Luis contempló el arte de la interpretación como algo natural, un juego. La influencia de su abuelo materno, Ismael Merlo, quien se hizo cargo de su educación después de la separación de sus padres, reforzó esa idea.

Tras su adolescencia, Luis cursó un año de baile, tras el cual se matriculó en Arte Dramático. Finalizados su estudios, Mario Gas le dio su primera oportunidad en la versión de Salomé ofrecida por la compañía de Núria Espert en 1985.

En 1986 debutó en cine con Hay que deshacer la casa, en la que interpretó a un joven que acosaba sexualmente a una señora mayor, encarnada por su tía en la vida real: Amparo Rivelles. Completó el año con la gira de La última luna menguante, realizada por Manuel Collado, con quien repitió en 1987 en la obra Séneca, o el beneficio de la duda, protagonizada por José Luis Pellicena. Por esas fechas protagonizó su primera película, La señora, en la que dio vida al botones de un hotel.

A partir de entonces su trayectoria profesional en el mundo del teatro no pararía de crecer, realizando un total de 21 obras de teatro, consiguiendo el reconocimiento de su trabajo en 2004 y 2006 con el Premio “Memorial Luis Parreño” AMITE a la calidad en el teatro. A éstos hay que sumarle dos Fotogramas de Plata como mejor actor de teatro, conseguidos en 2007 con la obra Gorda, y en 2010 por su actuación en Tócala otra vez, Sam.

No obstante y a pesar de su intachable trayectoria en los escenarios, el público le aprecia y reconoce por sus trabajos televisivos en series de gran éxito, como El Internado, Aquí no hay quien viva, Canguros, o Abierto 24 horas. En las que también ha cosechado grandes éxitos, obteniendo en 2003 el premio a mejor actor secundario de la Unión de Actores por su papel en la serie Aquí no hay quien viva, donde interpretaba al inolvidable Mauri. Cuatro años después y gracias a la serie El Internado, recibe el premio “Camaleón de Oro” al Mejor Actor Español de Ficción Televisiva en el festival de cine y televisión de la ciudad onubense de Islantilla.

Actualmente está trabajando en la obra teatral El Test de Jordi Vallejo, que se representa actualmente en el Teatro Cofidis Alcázar, interpretada también por Antonio Molero, Maru Valdivieso e Iztiar Atienza.