No dejamos de crecer para ser siempre los mismos

Mayte Matías es foodie y blogger especializada (editora de varias webs de gastronomía). Aficionada al teatro, no pasan muchos días sin que pise una sala. O eso le gustaría. La semana pasada nos acompañó en la presentación de “Hay que deshacer la casa” en el madrileño Teatro Muñoz Seca. La esperaban Andoni Ferreño y Ramón Langa con un montón de sentimientos… y a continuación Mayte nos cuenta qué le trasmitió. Muchas gracias por compartirlas!

La semana pasada nos acercamos al Teatro Muñoz Seca a ver la obra “Hay que deshacer la casa” de Sebastián Junyent, actualmente representada por Ramón Langa y Andoni Ferreño.

Una obra de 1985, inicialmente concebida para mujeres, resulta totalmente natural en 2014 e interpretada por hombres, eso sí, tras ser adaptada por Andoni Ferreño, hace unos años. En esencia, no creo que constituya gran diferencia que los protagonistas sean hombres o mujeres pues nos habla de sentimientos, de percepciones personales, de rencores antiguos,…todo muy humano y totalmente independiente de los géneros.

El trabajo de los actores y la puesta en escena es totalmente creíble lo que hace que te intereses desde el principio y hasta tomes partido. La situación en que nos coloca la obra, totalmente normal aunque afortunadamente no demasiado repetitiva en una misma vida, la habremos vivido ya o muy probablemente nos tocará vivirla, por lo que podemos llegar a comprenderla sin necesidad de grandes esfuerzos o razonamientos, sino desde nuestra parte más básica, desde las tripas.

Teatro Muñoz Seca Hay que deshacer la casa Andoni Ferreño y Ramón Langa

Las personas crecemos, o creemos que lo hacemos, que superamos pequeños traumas infantiles, que evolucionamos, pero eso no es del todo cierto. Solo cambiamos de casa, de ciudad, de trabajo o de compañeros. Si llegara el caso de enfrentarnos a recuerdos o situaciones antiguas, nos daríamos cuenta de que nuestras reacciones iniciales serían las del niño que fuimos, con todas las inseguridades, los miedos y las envidias. Nos daríamos cuenta de que no hemos perdonado que nuestra hermana nos quitara el novio a los 13 años, que seguimos creyendo que el otro era el mimado de mamá y le concedía todo lo que pedía, que sin duda, e injustamente, ha tenido mucha más suerte en la vida…

Por suerte, y si nos concedemos un momento para recapacitar, también nos daremos cuenta de que los demás soportan sus propios traumas y rencores hacia nosotros. Y nos escucharemos, y nos entenderemos y, sin tardar mucho, veremos que el amor por esas personas con las que convivimos en esos años de infancia, y que creíamos totalmente olvidado y superado, sigue también ahí. Y apoyándonos en él, como hacíamos tantos años atrás para conseguir algo de nuestros padres o para superar el miedo a la oscuridad, llegaremos a superar cualquier problema y a conciliar cualquier posición.

Publicado por primera vez en Vivir Mata de Mayte.

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