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Boadella: bufón en “quatrième position”

Tengo que confesar que, hasta la semana pasada, nunca había visto una obra de Albert Boadella. Sí algún retazo televisivo, pero nunca una obra completa y en directo. Por algún motivo esperaba una serie de sketches enlatados, cortos y divertidos, pero me encontré con bastante más.

En esta obra Albert y Boadella intentan desnudarse. Son conscientes de que, como yo, hay mucha gente que ignora su vida y su obra. Les apetece además hacerlo porque, como todo buen bufón, son bastante inteligentes, pero mucho más vanidosos y exhibicionistas.

Durante la obra se suceden noticias, anécdotas y hasta sermones desde el púlpito. Comenta sin rubor lo que piensa de la sociedad moderna, de la política y los políticos, de la iglesia, de los militares, de los nacionalistas… y hasta se atreve con su propios compañeros del gremio.

Sr. Boadella, quiero que sepa que somos muchos los que pensamos como usted sobre tanto buenismo y corrección. No dudo que haya aprendido mucho con los años, pero está claro que no ha perdido esa parte adolescente, temeraria, peleona y arrogante que nos reta a pensar e incluso a posicionarnos a lo largo de la obra.

Entiende el teatro de una forma clara y personal, en la que el actor lo es todo o casi todo porque, como él dice, la música le sienta muy bien. Se llama a sí mismo, con orgullo y con la seguridad de quien se conoce, bufón, comediante y titiritero.

Debido a su edad, y también al formato de la obra que no deja de ser “unas memorias”, fui al Teatro Marquina pensando que probablemente estaba yendo a ver la última obra de Boadella. Y puede que lo sea, no tengo una bola de cristal. Pero sobre el escenario encontré un actor capaz de desdoblarse hasta llenarlo, con la memoria intacta, la palabra clara y os diré más: en tres o cuatro ocasiones, mientras contaba una cosa u otra, lo pillé con los pies colocados en “quatrième position”, preparado para cualquier salto o pirueta en esta obra… o en la otra.

Artículo de nuestra colaboradora Mayte Matías.

El bufón Albert Boadella con su sermón, llena el teatro

Era lógico. Era lo esperado: Albert Boadella en “estado puro” abarrotó los Teatros del Canal y ahora llenará el Teatro Marquina, donde las entradas empiezan a escasear ante las próximas funciones.

El sermón del bufón se estrenó el pasado 8 de marzo en los Teatros del Canal. Se trata de un espectáculo en el que el dramaturgo catalán reflexiona sobre distintas artes y realidades de la sociedad, entre las que se incluye la situación actual de Cataluña, donde “hay un conjunto importante de ciudadanos que están enfermos mentales“.

Lo cierto es que con su actitud y sermón, Boadella ha conseguido granjearse la enemistad de muchos poderosos e instituciones a lo largo de más de 50 años. Para qué engañarnos: se ha “metido”, entre otros, con Jordi Pujol, con Franco, con Dalí,  con Esquerra Republicana, con Juan Carlos I, con los antitaurinos, con su propio gremio o con varios obispos.

Pero eso es lo que lo hace tan auténtico. Siempre ha estado al lado de la libertad, manifestándose contra dogmatismos y criticando al poder y el pensamiento único. Con la dictadura fue un icono cultural de la izquierda antifranquista y catalanista. Después ha sido, y es, un beligerante oponente a la “deriva catalanista“. Así que, a pesar de sus poderosos enemigos, que tristemente le hicieron anunciar que no volvería a trabajar más en Cataluña ante el boicot que sufrían sus obras en su propia tierra, también tiene un numerosísimo grupo de seguidores y simpatizantes. Muchos en Madrid, sobre todo durante los años en los que ha sido el director artístico de los Teatros del Canal.

Pero no queremos repasar aquí su larga y exitosa carrera como escritor, actor o dramaturgo. Ni revisar su agitada trayectoria ideológica. Solo queremos recordar que unas pocas funciones de “El sermón del bufón” se representarán en el Teatro Marquina, desde el 19 de abril al 21 de mayo.

No se dejen engatusar por melodramas de marginados, detrás siempre hay millonarios… y además, algunos defraudan a Hacienda” o “No se fíen cuando un director dice que ha creado una obra de riesgo, el riesgo lo corren Uds. asistiendo a ella“. afirma en su sermón. Y así 90 minutos de monólogo, de recuerdos, de algunos de sus mejores momentos. De los que tiene muchos, claro. Mordaz, valiente, duro, . Ni un momento de tregua. El espectador se podrá identificar con muchas de las aseveraciones… o no. Y es que las opiniones y apreciaciones de Boadella no han dejado indiferente a nadie: ni ahora, ni hace cincuenta años.